Page 304 - Limbo - Bernard Wolfe
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absurdas y resonantes: «individualismo»,
«iniciativa», «empresa», «democracia», «los
veintiún puntos», «las cuatro libertades». La
cultura oriental se aferró también a su cuota de
vibrantes y altisonantes nulidades en busca de un
significado: «sociedad sin clases», «materialismo
dialéctico», «colectivismo», «socialismo»,
«antiimperialismo», «democracia del
proletariado», «aportación del Estado»... Y lo peor
de todo es que estas palabras eran palabras
bélicas.
Pero bajo la elocuencia esquizoide que nublaba
ambas sociedades se estaba produciendo algo
más dinámico en los niveles silenciosos. La
marcha hacia la sociedad gerencial. Sí, Rusia y
América, cada cual en su propia dirección,
perseguían una meta común: una sociedad en la
que los técnicos, los ingenieros gerenciales, los
expertos en eficiencia, los directivos y jefes de
personal, completamente equipados con baterías
de cerebros‐robot, estarían al control de los
aparatos del Estado, el cual, a su vez, presidiría
por completo las actividades de sus ciudadanos.
Y mientras esta revolución gerencial seguía
adelante, ambos países empezaron a hacer
proliferar el tipo de cultura de masas necesario,
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