Page 328 - A La Deriva En El Mar De Las Lluvias - Varios Autores
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Scott no le hace ningún comentario, solo aspira el


           polvo gris del traje espacial en un hermético silencio.




                  En su siguiente turno, Peterson se sienta ante el


           escritorio  y  mira  a  McKay,  en  el  puesto  de  radio.


           Ninguno de los dos ha hablado. Llegaron para relevar



           a Alden y a Fulton, ocuparon su puesto en silencio y


           no han dicho nada desde entonces. A Peterson se le


           pasa  por  la  cabeza  la  idea  de  que  está  tan  aislado


           dentro  de  la  Base  Falcon  como  fuera,  en  el  Mare


           Imbrium. Pero no es la soledad de la EVA lo que le


           atrae,  sino  la  sensación  de  seguridad  que  siente


           cuando está envuelto en el capullo nutricio del traje



           espacial. Mire a donde mire —al oeste, más allá del


           Palus Putredinis; o al norte, hacia los LM del mar de


           las  Lluvias—,  en  cualquier  dirección  su  visión  está


           enmarcada por la LEVA de su casco. No puede entrar


           en  contacto  directo  con  el  paisaje  lunar  porque


           siempre está protegido de él. Sus dedos nunca tocarán


           in situ el polvo fino de cordita del regolito; su rostro


           nunca experimentará el latido puro de los rayos del


           sol.  Aunque  vive  aquí,  Peterson  nunca  será  de  la



           Luna.



                  Su ensoñación se ve interrumpida por un rítmico



           rip‐rip‐rip procedente de la cámara de abajo. Peterson


           ha  llegado  a  no  soportar  ese  ruido.  Es  tan  irritante


           como McKay haciendo clic una y otra vez con la parte

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