Page 1204 - Anatema - Neal Stephenson
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preparado para aceptar la mía. Que estaba bien que
hubiese enviado el mensaje a Ala. Que incluso si moría en
nuestro cosmos podría seguir vivo en otro.
Un polizón me golpeó en la espalda con una tubería. No,
un segundo, era el motor encendiéndose. No, en realidad
habían sido las cargas explosivas haciendo saltar el
fuselaje. Un sistema de ranuras dividió la oscuridad en
cuadrantes. Las ranuras se expandieron para separarlos.
Los cuatro pétalos del fuselaje cayeron hacia popa y me
encontré mirando Arbre. Algunos ruidos (las
turbulencias) se redujeron, otros (la inestabilidad en las
cámaras de combustible) empeoraron. La aceleración
hasta entonces no había sido gran cosa en comparación
con el golpeteo, pero se intensificó durante medio minuto
más o menos hasta que el motor del misil dejó de arder.
Era difícil apreciar la vista. Otro golpe en el espinazo me
indicó que el motor se había soltado. Por fin. Sólo
quedábamos el monifik y yo. Unos momentos de vuelo e
ingravidez acabaron de pronto cuando los impulsores de
maniobra se activaron y colocaron la fase en la orientación
correcta con una precisión tranquilizadora, aunque mis
órganos internos intercambiasen sus posiciones. Luego
noté una sensación de peso creciente a medida que el
motor del monifik se encendía. Por lo que podía ver,
puesto que el cielo era negro, yo estaba fuera de la
atmósfera y el techo de la pérgola no hacía más que
impedirme ver hacia delante. Pero, a medida que el motor
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