Page 1203 - Anatema - Neal Stephenson
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cuando te morías. Los diseñadores no habían tenido
tiempo ni presupuesto para instalar tonterías como
ventanillas o motus: sólo un fuselaje, una delgada concha
externa cuya única función era aislar el monifik de los
vientos, bloquear toda la luz, garantizar que realizásemos
el viaje en la más absoluta oscuridad e ignorancia y vibrar.
Esas dos últimas funciones se combinaban para aumentar
al máximo el terror. Piensa en cómo te sentirías bajando
por una cascada dentro de un barril. Con esa idea en
mente, piensa que te meten en una caja desvencijada de
madera y te lanzan desde un paso elevado para peatones
a una autopista de ocho carriles en hora punta. Ahora
piensa en ponerte un traje acolchado y que en el Valle
Tintineante te usen para hacer prácticas con palos.
Finalmente, imagina que te pegan unos tremendos
altavoces al cráneo y por ellos emiten ruidos al doble del
límite para provocar daños auditivos permanentes. Ahora
combina todas esas sensaciones y piensa que dura diez
minutos.
Lo único bueno era que representaba una mejora
respecto a la forma de pasar la hora inmediatamente
anterior: tendido de espaldas en la oscuridad, encajado en
posición fetal y esperando morir. Comparado con eso,
morir de verdad estaba resultando muy cómodo. Más
desagradables, y en retrospectiva más vergonzosas,
habían sido las reflexiones filosóficas con las que había
pasado el tiempo: que la muerte de Orolo y Lise me habían
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