Page 1205 - Anatema - Neal Stephenson
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del  monifik  me  lanzó  a  velocidad  orbital,  láminas  de


          plasma  crecieron  en  los  bordes  del  techo  y  se  agitaron

          alrededor de mis hombros y pies, tan cerca como para que

          resultase interesante. Era la capa superior de la atmósfera,


          apartada con tal violencia que los electrones se separaban

          de los átomos.

            En el lugar de lanzamiento, justo después de tragarme la


          Gran  Píldora  (un  transmisor  interno  de  temperatura)  y

          ponerme el traje, los avotos que formaban el equipo de

          lanzamiento me habían momificado con papel de cocina,


          me  habían  encajado  en  la  pérgola,  empujando  con  los

          hombros la planta de mis pies, y me habían sujetado con


          cinta de embalar. Habían tomado medidas con varas de

          medir: conseguidas gratis en la megatienda más cercana.

          Habían usado más cinta hasta reducirme al tamaño que se


          correspondía con los diagramas que les habían impreso

          con  rapidez  y  que  estaban  llenos  de  anotaciones


          manuscritas.  Luego  convergieron  sobre  mí  con  latas  de

          espuma expansiva de aislamiento y me cubrieron con ella,

          asegurándose de meterla entre mis rodillas y mi pecho,


          entre mis talones y mi trasero, entre mis muñecas y mi

          cara. Una vez que la espuma se puso rígida, alguien retiró

          el plástico de mi visor para que pudiese ver, me dio un


          toque  en  el  hombro  y  me  puso  en  la  esquelemano  una

          cuchilla para desembalar. La importancia de las medidas

          quedó clara en los primeros minutos de la segunda fase,


          cuando vi chorros de atmósfera caliente pasando a pocas



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