Page 1208 - Anatema - Neal Stephenson
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despacio, pero pronto del monifik saltaban los trozos de
espuma y cinta, que se alejaban y se quedaban más o
menos en las inmediaciones. Con el tiempo, debido a su
escasa masa y a la alta fricción, reentrarían en la atmósfera
y arderían. Hasta entonces, serían desorden visual para
confundir a los Geómetras.
Hablando de confusión, empezaba a ver chispas
brillantes a mi alrededor. Las había de dos tipos: millones
de diminutas cintas de distracción enviadas en los otros
misiles y docenas de enormes balizas continuas. Algunas
de estas últimas estaban tan cerca de mi ojos, que
gradualmente volvían a recuperar la forma, las
distinguían como discos o lunas. Dependiendo de dónde
estuviésemos situados ellas, el sol y yo, algunas parecían
lunas llenas, otras lunas nuevas y otras lunas en algún
estadio intermedio.
Había una medialuna a mi derecha, creciendo a ritmo
constante a medida que nuestras órbitas convergían. Era
un globo de poli metalizado de unos quinientos pies de
diámetro enviado en la misma andanada de misiles que
yo. Midiendo su tamaño aparente con respecto a la retícula
de mi casco estimé a qué distancia estaba: a unas dos
millas. Debía de ser el que se suponía que tenía que
dirigirme.
Palpando en el interior de los muñones, coloqué la mano
izquierda sobre la bola y la derecha en el control. No
funcionaron hasta que no emití otra orden oralmente, que
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