Page 1206 - Anatema - Neal Stephenson
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pulgadas de mis pies. Pero pasaron cuando salimos de la
atmósfera. Toda la pérgola saltó (literalmente, tenía un
mecanismo de resortes) y me dejó convertido en un
adorno de capó. En ese momento sentí la tentación de
librarme del material de empaquetamiento. Pero me sabía
de memoria la curva de velocidad frente a tiempo de esa
trayectoria y sabía bien que estaba lejos de haber
alcanzado velocidad orbital. Gran parte del aumento de
velocidad se produciría en la última parte del encendido,
cuando el monifik hubiese dejado atrás tres cuartas partes
o más de su masa en forma de líquido de propulsión
usado. El mismo impulso, aplicado a una carga mucho
menor, produciría entonces una aceleración que Lio
alegremente describió como «casi mortal». «Pero no pasa
nada —me dijo—, te desmayarás antes de que te pase nada
malo.» Intenté mirar atrás. Durante los últimos tres días la
fantasía me decía que la vista sería fantástica. Inspiradora.
Podría ver los otros cohetes elevándose: doscientos en
total, todos subiendo hacia el este siguiendo rumbos más
o menos paralelos. Pero el traje contenía más bolsas de aire
de las que nos había contado Jesry, y todas se habían
llenado hasta su capacidad máxima (es decir: era como
estar tendido sobre piedras), y me retenían la cabeza y el
torso en la posición que se consideraba que era menos
probable que pudiese provocarme la muerte, parálisis o
fallos de los órganos internos. Mi bazo podía descansar
tranquilo; mis ojos no veían nada excepto las estrellas y,
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