Page 1211 - Anatema - Neal Stephenson
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la  carga  no  humana  enviada  al  mismo  tiempo  estaban


          rodeados por una nube de redes fibrosas que durante el

          viaje habían estado encerradas en cápsulas selladas, pero

          que  se  habían  abierto  al  llegar  a  órbita  y  se  habían


          expandido hasta alcanzar diez veces su volumen anterior.

          Parecían pompones rojos flotantes.

            —¿Habéis  realizado  la  comprobación  estelar?  —


          pregunté.

            —Sí  —dijo  Gratho—,  pero  te  invitamos  a  verificar  los

          resultados.


            Empleé  la  bola  de  girar  hasta  que  vi  la  constelación

          vagamente circular que rodeaba el Escudo del Hoplita y


          comparé su posición con respecto a Arbre y el globo. Era

          una forma sencilla de asegurarnos de que, cuando la órbita

          nos colocase allí donde los telescopios de la Daban Urnud


          podrían captarnos, el globo estuviese delante de nosotros.

            A esas alturas, los Geómetras debían de saber que pasaba


          algo  grande.  Pero  lo  habíamos  hecho  de  tal  forma  que

          Arbre  bloquease  su  visión  del  lanzamiento  de  los

          doscientos misiles. Eso pronto cambiaría. Nuestra órbita


          era  casi  perfectamente  circular  —su  excentricidad,  una

          indicación de su falta de redondez, era de sólo 0,001—, y

          casi  rozaba  la  atmósfera  a  una  altitud  de  cien  millas.


          Dábamos la vuelta a Arbre una vez cada hora y media. La

          órbita  de  la  Daban  Urnud  era  más  elíptica,  y  su  altitud

          variaba entre las catorce y las veinticinco mil millas. Le


          llevaba diez veces más —unas quince horas— completar



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