Page 1349 - Anatema - Neal Stephenson
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habría sido incómoda hasta la parálisis. Lio y Jesry tenían
la cara crispada. Oh, al verme habían sonreído de oreja a
oreja. Y yo no hubiese podido ser más feliz de verlos. De
inmediato, y sin palabras, habíamos compartido esos
sentimientos. Pero luego sus rostros se habían cerrado
como puños, negándose a decir nada.
De todas formas, comíamos demasiado rápido para
hablar. Fra Sildanic y otro médico de Arbre entraban y
salían. Y, aunque no quería pensar mal de nuestros
anfitriones laterranos, yo no tenía forma de saber si en esa
terraza había aparatos de escucha. La mitad de los
laterranos estaban a favor del Pedestal. Pero incluso los
que estaban a favor del Fulcro podían no ver con buenos
ojos nuestro papel en el asalto a la Daban Urnud. Algunos
tal vez tuviesen amigos o familiares muertos a manos de
los valleros. Comentar en una conversación informal que
un Milésimo había penetrado el casco y luego se había
evaporado hubiese sido lo peor que nos podía pasar
entonces. Cuando me harté lo suficiente, la situación
empezó a ponerme nervioso.
Cuando Arsibalt apareció y se acercó a su cesta como una
apisonadora, esperé a que tuviese la boca bien llena antes
de alzar la copa y decir:
—Por fra Jad. Pensamos en los cuatro valleros muertos
pero no olvidemos a quien sacrificó su vida en los diez
primeros minutos de la misión, incluso antes de salir de la
atmósfera de Arbre.
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