Page 1350 - Anatema - Neal Stephenson
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—Por el difunto fra Jad —repitió Jesry, con tal rapidez y
energía que supe que debía de estar pensando de forma
similar.
—Nunca podré borrar de mi memoria su caída en llamas
a la atmósfera —añadió Lio con una falsedad tan patente
que casi expulsé el líquido por la nariz.
Yo miraba a Arsibalt, que había dejado de comer y nos
miraba con los ojos como platos, intentando decidir si se
trataba de un chiste extremadamente macabro y complejo.
Le miré a los ojos y alcé la vista: un antigua señal de Edhar,
donde, con un gesto de los ojos hacia las ventanas de la
Guardiana Regulante, decíamos «cierra el pico y síguenos
la corriente». Asintió, haciéndome saber que había
entendido, pero la expresión de su cara dejaba claras su
confusión y su conmoción. Me encogí de hombros para
hacerle saber que estaba en buena compañía.
Sammann se presentó, ataviado con la vestimenta
tradicional de un Ati y, demostrando un autocontrol
extraordinario, nos dio la mano a todos y un apretón en el
hombro antes de abrir su cesta, llena de una comida
mucho más aromática y especiada que la nuestra. Le
dejamos comer. Lo hizo con el mismo estilo tranquilo y
contemplativo al que yo me había acostumbrado, viéndole
almorzar en el Pináculo de Edhar. Su rostro no manifestó
ninguna curiosidad sobre por qué había cinco personas y
cinco cestas, en lugar de algún otro número. Es más, se
mostró reservado e impasible, lo que, combinado con su
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