Page 1353 - Anatema - Neal Stephenson
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referirse a algo que no había sucedido en ese cosmos, la
caja plateada en la mano de fra Jad. El detonador. ¿Qué
miembro de las cuatro docenas lo llevaba? Lo que era más
importante, ¿quién apretaría el gatillo? Para ciertas
mentalidades, hubiese sido un intercambio aceptable. Al
coste de cuatro docenas de vidas de Arbre, la Daban Urnud
quedaría esterilizada, o al menos tullida hasta el punto de
que los supervivientes no tendrían más opción que
rendirse sin condiciones. Mucho más barato que una
guerra.
Por más de una razón, yo ya no tenía hambre.
Todos los demás pensaban más o menos lo mismo, y por
tanto la conversación no era muy animada. De hecho, no
existía. El silencio se volvió llamativo. Me pregunté qué
pensaría un visitante ciego, porque el entorno sónico era
claramente extraño. El aire no se movía mucho en esos
orbes. Cada uno se calentaba y enfriaba siguiendo un
horario diurno diferente, de forma que el aire en
expansión y contracción pasaba por los portales y
provocaba ligeras brisas. Pero jamás soplaba con fuerza
suficiente para levantar olas, ni siquiera para llevarse
volando una hoja de una mesa. El sonido se transmitía en
ese aire inmóvil y rebotaba en el techo del orbe. Oíamos a
alguien ensayando un fragmento complicado de una pieza
para instrumento de arco, a niños discutiendo, a un grupo
de mujeres riendo, y herramientas de aire funcionando. El
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