Page 204 - Anatema - Neal Stephenson
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hábil para decir nada, pero estaba claro que se lo había


          pasado en grande con nosotros. Me había visto paseando

          y charlando con mi frater y había llegado a la conclusión

          de que, en mi caso, el asunto era muy simple y estaba bien.


          Yo tenía la impresión de que no ganaría nada intentando

          explicarle de lo que había hablado con Orolo.

            Por tanto, en lugar de eso, hablé con grupos de completos


          desconocidos que llegaron de extramuros para visitar el

          cenobio unario.

            Mi cenobio era pequeño, sencillo y tranquilo. El cenobio


          unario, en contraste, había sido edificado para sobrecoger

          a la gente que llegase del exterior: diez días al año a los


          grupos  de  turistas  de  extramuros  y,  el  resto,  a  los  que

          hubiesen jurado permanecer en él al menos un año. Muy

          pocos de estos últimos se graduaban para pasar al cenobio


          decenario. «Esposas burgos que intentan sentir algo» era

          una descripción especialmente cruel que en una ocasión


          había oído en boca de un viejo fra. Ya que a menudo eran

          jóvenes, estaban solteras y buscaban una última capa de

          sofisticación  y  prestigio  necesaria  para  entrar  en  la


          sociedad adulta y buscar compañero. Algunas estudiaban

          con  los  halikaarnianos  y  se  convertían  en  práxicas  y

          artesanas. Otras estudiaban con los procianos y tendían a


          dedicarse  a  la  ley,  las  comunicaciones  y  la  política.  La

          madre de Jesry había pasado allí dos años justo después

          de cumplir los veinte. No mucho después de salir, se había


          casado con el padre de Jesry, un hombre algo mayor que



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