Page 255 - Anatema - Neal Stephenson
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ramas de argumentos y recriminaciones. El alcalde no
dejaba de hablar sobre la belleza de nuestro reloj, la
majestuosidad de nuestra Seo y los excelentes cánticos de
fras y sures. En ningún momento dijo nada que no fuese
tan dulce como pueda llegar a serlo una palabra, y sin
embargo la sensación que me quedó fue de amenaza,
como si estuviese animando a todos sus ciudadanos a
congregarse a nuestras puertas con botellas llenas de
gasolina. La discusión entre Jesry y su hermano se
convirtió en un fuego cruzado esporádico por encima de
la mesa, reprimido por las miradas y apretones de
hombros de mujeres desesperadas que, sin decir nada, se
habían convertido en una fuerza de mantenimiento de la
paz. El hermano de Jesry había decidido que con nuestro
nimio debate sobre cuántos tetrarcas había, habíamos
demostrado ser un panda de pedantes insignificantes.
Jesry le informó de que se trataba de una iconografía que
se remontaba a antes de la fundación de la ciudad‐Estado
de Ethras.
Empleando algún método extrañamente silencioso que
debió de aprender en un libro de vallelogía, Lio había
desaparecido. Curiosamente, para ser alguien a quien le
gustaba tanto pelear, odiaba los conflictos.
Esperé a que la campana indicase la acogida de los
nuevos para disculparme e irme mientras todos aplaudían
de pie. Me apetecía un poco de aire fresco. Por tradición,
la fiesta iría perdiendo fuelle y la limpieza, ganando
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