Page 720 - Anatema - Neal Stephenson
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rompehielos o en uno de los barcos de los convoyes que
seguían su estela. Así llegaría a Mahsht. Una vez que nos
encontrásemos allí, en llegar al Mar de Mares sólo
tardaríamos unos pocos días. Por tanto, estaba siguiendo
el «Plan B»: el «Plan A» era el salto de corta distancia y, la
verdad, no lo habíamos hablado mucho porque no
esperábamos tener que recurrir a él. Tenía la molesta
sensación de que había tomado la decisión
precipitadamente y que probablemente había olvidado
algún detalle importante; pero durante las primeras horas
en el pequeño tren de trineos tuve tiempo suficiente para
pensar y convencerme de que todo saldría bien.
En cualquier caso, cuando sentí que el trineo cambiaba
de inclinación lo tomé como una señal de que iniciábamos
el ascenso a uno de los tres pasos que unían la meseta
interior con la costa. Según Sammann, uno de ellos era
considerablemente mejor que los otros dos, pero de vez en
cuando las avalanchas lo cerraban. Los conductores de
trineo nunca sabían, de un día para otro, por cuál irían.
Tomaban la decisión sobre la marcha, guiándose por lo
que hubiesen oído de los otros contrabandistas por radio.
Dado que nuestro conductor estaba en otro vehículo,
sellado en una cabina con calefacción, yo no oía lo que se
decía por radio para hacerme una idea de lo que pasaba.
Sin embargo, una cuantas horas más tarde, el trineo
disminuyó de velocidad y acabó deteniéndose. Los
pasajeros pasamos un minuto o más aprendiendo a
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