Page 748 - Anatema - Neal Stephenson
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Los tipos de los camiones militares eran verdaderos
profesionales. De inmediato nos recogieron. Nos llevaron
a la ciudad. No hicieron preguntas. Al menos, yo no las
recuerdo. Aunque no es que me encontrase en un estado
mental precisamente alegre, lo consideré un hecho
gracioso. Con mi visión tan simplista del mundo secular,
había dado por supuesto que los soldados, por el simple
hecho de parecerse, con sus armas y uniformes, a los
policías, actuarían como policías y nos arrestarían. Pero
resultó que no podría haberles importado menos hacer
cumplir la ley, lo que tuvo para mí mucho sentido una vez
que lo hube pensado diez segundos. Llevaron a Laro a una
clínica de caridad dirigida por el kelx local, una religión
muy importante en esas regiones. Luego me dejaron a mí
al borde del agua. En una taberna compré comida decente
y dormí boca abajo sobre la mesa hasta que me echaron.
De pie en la calle me sentía estirado hasta el límite, diluido,
como si la pálida luz del ártico brillase a través de mí y le
causara quemaduras solares a mi corazón. Pero todavía
podía caminar y tenía dinero, porque el operario del trineo
no había cobrado la segunda parte del billete. Compré
pasaje a Mahsht en el siguiente transporte que salía, subí
tan pronto como me dejaron, me tumbé en un camastro y,
una vez más, dormí con aquel horrible trajesaco.
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