Page 746 - Anatema - Neal Stephenson
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partimos de la misma forma, con Brajj en cabeza usando la


          varilla para comprobar el terreno.

            Intenté no pensar en la posibilidad de que Dag estuviese

          vivo en el fondo de la grieta.


            A continuación intenté no pensar en cuántos cuerpos de

          emigrantes dispersos por aquel territorio se encontrarían

          si el hielo y la nieve se fundían.


            Luego  intenté  no  preguntarme  si  Orolo  estaría  entre

          ellos.

            De momento debía concentrarme en no acabar siendo yo


          uno de ellos. Presté mucha atención a las pisadas de Brajj.

          Si Brajj caía en otra grieta, podría intentar salvarle… por


          eso  me  había  rescatado.  Pero,  si  yo  caía,  Laro  y  yo

          estaríamos muertos. Así que pisé donde él pisaba.

            Al cabo de unas horas perdí toda sensación. Mi ser entero


          se concentraba en mover los pies. No tiene mucho sentido

          intentar  describir  la  desolación,  el  sufrimiento  moral  y


          físico.  En  los  escasos  momentos  de  lucidez,  me  recordé

          que los avotos habían pasado por cosas peores durante el

          Tercer Saqueo y en otros momentos.


            Como  estaba  desorientado,  no  tengo  forma  de  saber

          cuándo nos abandonó Brajj. La voz de Laro me despertó.

          Gritaba y se peleaba con la esfera, intentando salir. Le dije


          a Brajj que teníamos que parar. Al no obtener respuesta,

          miré y descubrí que se había ido. La cuerda que nos unía

          había  sido  víctima  de  su  asidor.  Y  no  era  de  extrañar:


          estábamos en un valle que llevaba directamente al puerto,



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