Page 777 - Anatema - Neal Stephenson
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ellos, lanzar piedras a un avoto solitario podía ser un buen


          ejercicio, pero no querían participar en lo que fuese que

          estuviese pasando.

            Me volví, pensando que bien podía escabullirme, y me


          encontré mirando a los ojos del líder gheethe. Tenía un

          arma. Me apuntaba con ella.

            —No —dijo—, no nos hemos olvidado de ti. ¡Muévete!


            Hizo un gesto en la dirección en la que parecía moverse

          la  muchedumbre.  Perseguían  a  los  camisas  rojas  en

          retirada, alejándose del borde del canal y yendo hacia un


          lugar más ancho, situado a unos cien pies de distancia: una

          plaza  donde  dos  calles  se  encontraban  en  el  borde  del


          canal.

            —Date la vuelta y camina —me ordenó.

            Me di la vuelta y caminé hacia la plaza. La mayor parte


          de la multitud se había adelantado, así que me encontré al

          borde, en la parte posterior, de una multitud de unos cien


          individuos, todos trotando y luego corriendo detrás de los

          tres camisas rojas en retirada, que para entonces habían

          arrastrado  a  su  rehén  hasta  la  plaza  en  su  intento  de


          alejarse  de  una  fuerza  muy  superior  de  atacantes  que

          lanzaban piedras y agitaban navajas.

            Mi captor y yo entramos en la plaza. El borde del canal


          estaba a mi izquierda mientras que la plaza se extendía a

          la derecha, desde donde llegaban los gritos de guerra. Uso

          aquí el término «grito de guerra» para referirme al grito


          sobrenatural  que  el  primer  camisa  roja  había  emitido



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