Page 895 - Anatema - Neal Stephenson
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Como ya no le impedía el paso, Cord metió una pierna


          por la puerta e introdujo la cabeza y la parte superior del

          torso.  Oímos  una  exclamación  ahogada.  Yul  nos  la

          transmitió:


            —¡Cord dice que la mujer todavía está caliente!

            En mi mente surgían todo tipo de preguntas teóricas… y

          probablemente también en la mente de otros: ¿cómo sabes


          que es mujer? ¿Cómo sabes siquiera que tiene sexo? ¿Qué

          te hace creer que posee sangre como nosotros y que eso es

          lo que sale de su cuerpo? Pero, una vez más, el estrés y el


          caos relegaron esas preguntas a una especie de cuarentena

          intelectual.


            Orolo dijo:

            —Si hay alguna posibilidad de que esté viva, ¡debemos

          hacer todo lo posible por ayudarla!


            Era todo lo que Yul precisaba oír. Con una mano le lanzó

          el cismex a Sammann mientras que con la otra le daba una


          navaja a Cord.

            —Está muy bien sujeta —nos advirtió.

            De  Cord  sólo  podíamos  ver  una  pierna,  que  se  movía


          para  afianzarse  en  el  andamio.  Pasó  un  minuto.

          Esperábamos ansiosos, incapaces de ayudar a Cord, sin

          poder hacer nada con respecto a los golpes, el estruendo y


          los  ruidos  metálicos  que  resonaban  en  las  puertas  y  el

          muro del concento, allá arriba. Finalmente Cord tiró con

          fuerza  y  salió  a  medias.  Yul  metió  las  manos  para  el


          segundo tirón. Como un guía de canoas sacando del río a



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