Page 899 - Anatema - Neal Stephenson
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Los soldados nos la arrancaron de las manos. Ya nos
rodeaban por completo. Cada uno acarreaba una
bandolera cargada de lo que parecían brazaletes enormes.
En cuanto daban con un avoto, le ponían uno en el cuello,
momento en que se activaba y se ponía a parpadear un par
de veces por segundo. Cada collar tenía una serie diferente
de números impresos en la parte delantera, por lo que, una
vez que te habían tomado una imagen, conocían tu cara y
tu número. No hacía falta mucha imaginación para
comprender que con los collares también podían
localizarte y vigilarte. Pero, por siniestro y
deshumanizador que resultase, no hicieron nada más, al
menos de momento… Parecía que sólo querían saber
quién estaba en qué lugar.
Fra Landasher se portó muy bien, exigiendo con firmeza
pero con calma saber quién estaba al mando y con qué
autoridad se llevaba a cabo tal acción: «Por cierto, ¿hay
alguna ley sobre las sondas alienígenas?» Pero los
soldados iban vestidos con trajes diseñados para la guerra
química y bacteriológica, por lo que no era fácil conversar
con ellos, y Landasher no conocía detalles suficientes
acerca de los procedimientos legales de aquella época;
6.400 años antes habría podido preparar una buena
defensa legal, pero ya no.
Un contingente de cuatro soldados, que se distinguían
por insignias especiales que habían polipegado a toda
prisa sobre los trajes, se acercaron a la sonda y se pusieron
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