Page 896 - Anatema - Neal Stephenson
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un cliente ahogado, sacó a la Geómetra con la potencia de
brazos y piernas, y acabó tendido de espaldas con la
alienígena colocada sobre él a lo largo. De sus costillas
cayó un líquido rojo que llegó hasta los travesaños del
suelo. Veinte manos se alzaron para aceptar el peso de la
Geómetra a medida que Yul la apartaba de su cuerpo. Tres
manos, una de ellas de Orolo, convergieron en su cabeza,
acunándola, preocupándose de que no colgase. Entreví el
rostro. A cincuenta pies, cualquiera la hubiese tomado por
nativa de nuestro planeta. De cerca, sin duda quedaba
claro que no era, como había dicho Cord, «de Arbre». No
había un detalle concreto de su rostro que lo demostrase.
Pero el color y la textura de la piel y el pelo, la estructura
ósea, la configuración de la oreja, la forma de los dientes,
eran lo suficientemente diferentes.
No podíamos tenderla en el suelo martirizado por los
cohetes, todavía caliente y cubierto de fragmentos de
loseta, así que buscamos la superficie plana más próxima
utilizable… que resultó ser la parte posterior del transbor
de Gnel, situado a unos cien pies de distancia. Llevamos a
la Geómetra a hombros, caminando tan rápido como
pudimos sin dejarla caer. Sur Maltha, la médica del
concento, se nos unió a medio camino y, antes de que la
soltáramos, ya estaba comprobando con los dedos el
cuello de la paciente. Gnel, pensando rápido, colocó a
tiempo alfombrillas de campamento. Tendimos sobre ellas
a la Geómetra, con la cabeza hacia fuera. Vestía un mono
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