Page 962 - Anatema - Neal Stephenson
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empleándola para resolver problemas. O, más bien, para
resolver un solo problema cuya naturaleza yo no
comprendía todavía. En cualquier caso, sonaba bien…
pero, por alguna razón, los resultados tendían a ser más
musicales que la versión edhariana, que era adecuada para
computar cosas pero que como música era difícil de
apreciar. Yo había pasado el tiempo suficiente entre los
orithenanos para oír y familiarizarme con el sistema. Tenía
una pieza en particular metida en la cabeza desde el vuelo
a Tredegarh y la cuarentena. Quizá si la cantaba se
esfumase.
En cuanto lo pensé me pareció la elección obvia. Y por
tanto, cuando me tocó, di un paso al frente y canté la pieza.
La canté fácil y libremente, porque no me inquietaba
cualquier posibilidad de que no fuese lo correcto.
Al menos, no hasta que fue demasiado tarde. Porque,
cuando ya llevaba unas estrofas, un rumor de asombro
recorrió una sección del público. No fue muy fuerte, pero
era imposible no darse cuenta. No pude evitar mirar hacia
allí, y luego vacilé, casi hasta el punto de perder la
melodía, cuando comprobé que procedía de detrás de la
pantalla de los Milésimos.
Temiendo haberme metido en un lío, hice lo que hubiese
hecho cualquier fille culpable: miré furtivamente a los
jerarcas. Éstos me miraban. La mayoría con los ojos
vidriosos, pero algunos unían las cabezas para discutir.
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