Page 963 - Anatema - Neal Stephenson
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Uno de ellos era, me di cuenta, mi viejo amigo Varax, el
inquisidor.
En cierta forma, me sentí aliviado de saberme indefenso.
Daba igual qué cesto de bichos hubiera volcado: ya no
podía modificar el resultado. La mayor parte del público
no le veía nada de particular a la pieza y prestaba atención
educadamente, así que me concentré en darle un buen
final. Pero, captando movimientos con el rabillo del ojo,
miré y vi que los tipos del taparrabos, que aparentemente
hasta ese momento habían pasado del auto, habían roto
filas y se habían situado para poder mirarme todos.
Cuando terminé debería haberse hecho el silencio… la
respuesta cortés a un buen canto. Pero algunos Milésimos
seguían murmurando. Incluso me dio la impresión de oír
un fragmento de música que se me cantaba en respuesta.
En las vastas regiones situadas tras las otras pantallas,
grupitos de fras y sures seguían hablando sobre mi música
y sus vecinos los hacían callar.
Los del taparrabos dieron un paso al frente e iniciaron su
propio cántico computacional. Sonaba extremadamente
extraño, porque estaba construido con modos
completamente distintos a los nuestros. Era difícil creer
que alguien pudiese entrenar sus cuerdas vocales para
emitir esos sonidos. Pero tenía la impresión de que como
computación era muy similar a lo que yo había hecho.
Cuando llegaron al final de la secuencia, el regordete cantó
una especie de coda que, si lo entendí correctamente,
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