Page 966 - Anatema - Neal Stephenson
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—¡Fra Erasmas! —me gritó alguien, como si me estuviese


          arrestando.

            Me  detuve.  Me  encontraba  en  la  parte  delantera  de  la

          nave unaria, que era inmensa y espléndida. Allí ya había


          un par de cientos de avotos. Varios centenares más, junto

          con algunos seculares, entraban por la puerta del fondo,

          caminando rápidamente para ocupar los mejores sitios.


            El espacio entre la primera fila y la pantalla, que debería

          haber estado despejado para que se viera lo que pasaba en

          el presbiterio, se hallaba ocupado por todo tipo de equipo


          secular.  Habían  levantado  un  andamio  de  tubos  de

          neomateria que enmarcaba la pantalla sin taparla, y filles


          fornidos  iban  llevando  hacia  el  andamio  piezas  de

          plataforma,  encajándolas  en  su  sitio,  y  uniéndolas  para

          formar  un  escenario  elevado  para  que  la  gente  pudiese


          ver. Otros tiraron de cuerdas y una pantalla de proyecto

          motus se desenrolló hasta ocupar casi todo el escenario.


          Apareció  brevemente  una  carta  de  ajuste  y  luego  una

          imagen en directo de un motucaptor situado en la nave

          que  ofrecía  una  panorámica  magnífica  del  escenario.


          Empezaron a encenderse luces muy potentes; era como si

          dijeran:  «¡Bajo  ninguna  circunstancia  mires  en  esta

          dirección!» Estaban montadas en torres situadas por todo


          el  espacio.  Por  delante  de  mí  pasó  una  sur  con  paño  y

          cordón hablándole a un auricular inalámbrico.

            El  hombre  que  había  gritado  mi  nombre  era  un  joven


          jerarca cuya única misión era llevarme junto a un tal fra



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