Page 255 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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ordenadoras  de  pensamientos  y  hechos,  jamás  había

         podido captar el más mínimo de los «pensamientos» del

         robot  de  Alvin.  Sin  embargo,  en  esta  ocasión  tampoco


         hubiera  tenido  necesidad  de  ello,  pues  la  sonrisa  que  se

         dibujó  en  la  cara  de  Alvin  fue  una  respuesta  más  que

         suficiente y tranquilizadora.


                El muchacho se lo quedó mirando con aire triunfante.

                —El Número Uno continúa mudo como siempre, pero

         el Número Dos está dispuesto a hablar —le dijo.

                —Creo  que  es  conveniente  esperar  hasta  que


         lleguemos a casa para empezar a hacer las preguntas —

         observó            Rorden            tan        práctico           como           siempre—.

         Necesitaremos los asociadores y los archivadores cuando

         comencemos el interrogatorio.


                Pese a su impaciencia Alvin tuvo que admitir que su

         amigo  tenía  razón  y  reconoció  la  sabiduría  del  consejo.

         Cuando dio la vuelta para salir de allí, Rorden sonrió ante


         su impaciencia y le preguntó con tranquilidad:

                —¿No olvidas algo?

                La  luz  roja  del  intérprete  mecánico  seguía  brillando

         intermitentemente y el segundo mensaje aún figuraba en


         su pantalla electrónica:

                POR FAVOR COMPRUEBE Y FIRME



                Alvin se dirigió a la máquina y examinó el papel que


         había por debajo del lugar donde la luz roja se encendía y




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