Page 257 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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posición inicial sobre la hoja… Y de inmediato el panel con

         su luz roja intermitente desapareció.

                Mientras  Alvin  se  alejaba  de  allí  se  preguntaba  cuál


         habría  sido  la  razón  que  llevó  a  los  hombres  que  lo

         precedieron, cuyas firmas figuraban sobre la suya, a visitar

         aquella cámara. No le cabía duda de que dentro de miles o


         millones de  años en  el futuro  otros hombres mirarían el

         panel  y  se  preguntarían  a  sí  mismos:  «¿Quién  era  Alvin

         Loronei?» O tal vez en vez de ello aquellos hombres del

         futuro  conocerían  su  nombre,  convertido  en  famoso,  y


         exclamarían:  «¡Mira…!  ¡Aquí…!  ¡Ésta  es  la  firma  de

         Alvin…!»

                Ese pensamiento no era raro en él y en esa situación

         optimista, después de su éxito en la excursión fuera de los


         muros de Diaspar y la posibilidad de descifrar el misterio

         de Shalmirane, resultaba casi justificado. Sin embargo, se

         guardó el pensamiento y no se lo comunicó a su amigo por


         temor a que éste se burlara de su vanidad.

                Cuando llegaron a la entrada del corredor se volvieron

         para mirar hacia atrás y la ilusión fue más fuerte que nunca.

         Allí, tras ellos, quedaba la ciudad muerta con esos extraños


         edificios, una ciudad iluminada fantasmagóricamente por

         una luz que no estaba concebida para el ojo humano. Pero

         tal vez la palabra no era «muerta» pues aquella «ciudad»

         jamás  tuvo  vida,  al  menos  en  el  sentido  humano  de  la


         palabra. Alvin sabía que cuando, quién sabe tras cuantos




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