Page 256 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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se apagaba. En el panel había una especie de ventana
constituido por una extraña sustancia casi invisible que
sostenía un bolígrafo que lo atravesaba verticalmente. La
punta de bolígrafo descansaba sobre una hoja de material
blanco que ya llevaba varias firmas y fechas. La última
fecha era de unos cincuenta mil años antes y Alvin
reconoció el nombre como el de un reciente presidente del
Consejo. Sobre él sólo se veían otros dos nombres pero
ninguno de ellos significaba nada para el muchacho ni para
Rorden. Esto no podía sorprender a nadie pues esas firmas
habían sido estampadas treinta y tres millones y cincuenta
siete millones de años antes.
Alvin no podía comprender el sentido de ese ritual de
firma, pero sabía que no debía tratar de suponer los
métodos trabajo de las mentes que habían construido aquel
lugar. Con ligero sentimiento de irrealidad tomó el
bolígrafo y empezó escribir su nombre. El instrumento
parecía tener completa libertad de moverse
horizontalmente, siguiendo la línea normal de la escritura,
pues en esa dirección la sustancia que lo sostenía no ofrecía
más resistencia de la que pudiera oponer una pompa de
jabón. Pero ni haciendo uso de toda su fuerza podía lograr
moverlo verticalmente. Se dio cuenta de ello porque lo
intentó, sin saber por qué, como un simple capricho.
Con el mayor cuidado escribió la fecha y dejó el
bolígrafo. Éste se movió lentamente hasta recobrar su
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