Page 297 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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una vez, definitivamente, en ese pequeño cráter negro.

                Cuando  Alvin  posó  la  nave  entre  las  ruinas,  la

         desolación del lugar hizo que un escalofrío atravesara su


         alma. De momento no vio la menor señal del anciano ni su

         robot y tuvo ciertas dificultades en dar con la entrada del

         túnel. En la parte superior de la escalera, Alvin gritó para


         avisar  de  su  llegada.  No  tuvieron  respuesta  y  siguieron

         adelante pensando que tal vez el anciano se había quedado

         dormido.

                Sí,  parecía  dormido,  con  las  manos  descansando


         pacíficamente sobre el pecho. Tenía los ojos abiertos, fijos

         en el techo macizo y poderoso como si pudiera ver a través

         de  él  las  estrellas  lejanas.  En  sus  labios  se  dibujaba  una

         débil  sonrisa.  La  muerte  no  había  llegado  a  él  como  un


         enemigo despiadado sino, casi, con la ternura de una mano

         amorosa y delicada.




































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