Page 42 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
P. 42

cinco kilómetros. Peyton tenía que terminar su viaje a pie.

                Hubo  un  gran  ruido  de  ramas  rotas  y  desgajadas

         cuando  la  pequeña  nave  volante  se  posó  en  el  bosque


         invisible. Se había quedado sobre la quilla en una posición

         escorada y Peyton apagó la débil luz de la cabina y miró

         por  la  ventanilla.  No  pudo  ver  nada.  Recordando  las


         instrucciones recibidas no abrió la puerta. Se puso todo lo

         cómodo que pudo para esperar la llegada del amanecer. Y

         se quedó dormido.

                Se despertó cuando un sol brillante llegó hasta sus ojos.


         Rápidamente  se  hizo  con  el  equipo  que  sus  amigos  le

         habían  proporcionado,  abrió  la  puerta  de  la  cabina  y

         emprendió el camino por el bosque.

                El       lugar         de        aterrizaje           había          sido        elegido


         cuidadosamente y no le resultó difícil llegar hasta campo

         abierto  unos  cuantos  metros  más  allá.  Frente  a  él  se

         levantaban unas pequeñas colinas cubiertas de vegetación


         y, en algunos puntos, se agrupaban los árboles. Era un día

         suave,  aún  en  pleno  verano  y  no  lejos  del  Ecuador.

         Ochocientos  años  de  control  climatológico  y  los  grandes

         lagos  artificiales,  que  habían  humedecido  los  desiertos,


         eran la causa de ello.

                Casi  por  vez  primera  en  su  vida,  Peyton  estaba  en

         contacto  directo  con  la  naturaleza,  con  una  naturaleza

         semejante a la que había existido antes de que el hombre


         apareciera  sobre  la  tierra.  Y,  sin  embargo,  no  era  el




                                                                                                            41
   37   38   39   40   41   42   43   44   45   46   47