Page 59 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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Sin una palabra, el robot giró sobre sus pequeñas
ruedecitas y salió de la habitación. El corredor por el que
condujo a Peyton terminaba en una puerta perfectamente
tallada, precisamente aquélla que, con anterioridad, el
visitante había tratado de abrir inútilmente. En apariencia
al menos, A‐Cinco conocía su secreto mecanismo porque
cuando se aproximó a la gruesa puerta metálica, ésta se
abrió en silencio. El robot penetró en una pequeña cámara
de forma cuadrada.
Peyton se preguntó si ahora se encontraban en el
interior de un nuevo transmisor de materia, pero acto
seguido se dio cuenta de que aquello no era otra cosa que
un simple ascensor. A juzgar por el tiempo que duraba el
ascenso, Peyton supuso que estaban llegando casi a los
últimos pisos de la torre de la ciudad. Cuando, finalmente,
la puerta se abrió, deslizándose suavemente, Peyton tuvo
la impresión de que arribaba a otro mundo.
Los pasillos en los que se encontró eran al principio
rectos y sin decorar, puramente utilitarios. En contraste con
aquéllos, tanto las espaciosas salas a las que le condujo el
ascensor, como las habitaciones próximas, estaban
amuebladas con el máximo lujo. El siglo XXVI había sido
un período caracterizado por una decoración florida y
plena de colorido, que fue despreciada injustamente por
generaciones posteriores. Pero los Decadentes habían ido
aún más allá de su propio período. Al decorar Comarre,
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