Page 60 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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habían tenido en cuenta todos los recursos de la sicología

         al mismo tiempo que los del arte.

                Uno podría pasarse la vida entera sin que terminara de


         contemplar en todos sus detalles los murales, los grabados

         y las pinturas, los complicados tapices que se conservaban

         tan brillantes como si acabaran de ser hechos. Parecía un


         tremendo error, un absurdo, el que un lugar como aquél

         estuviera desierto y oculto al mundo. Peyton casi se olvidó

         de todo su celo científico y, como un niño, corrió de una

         maravilla a otra.


                Se trataba de obras geniales, quizás más grandes que

         ninguna  de  las  que  el  mundo  había  conocido  hasta

         entonces.  Pero  se  trataba  de  genios  enfermos  y

         desesperados que habían perdido su fe en ellos mismos,


         aun  cuando  conservaban  sus  enormes  conocimientos  y

         capacidad técnica. Por primera vez, Peyton se dio cuenta

         de por qué se había dado el nombre de Decadentes a los


         constructores de Comarre.

                De entrada el arte de los Decadentes le fascinaba y le

         causaba repugnancia a un mismo tiempo. No podía decirse

         que se tratara de un arte malévolo, diabólico, puesto que se


         hallaba  al  margen  de  toda  moral.  Quizá  sus  mayores

         características fuesen la debilidad y la desilusión. Al cabo

         de un rato, Peyton, que jamás se creyó demasiado sensible

         a la influencia de las artes visuales, comenzó a sentir que


         una  suave  depresión,  penetrando  profundamente  en  su




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