Page 62 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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silenciosamente.
El diván, mullido y confortable, que había en la
habitación sumida en una suave penumbra, resultó
irresistible. De modo casi automático Peyton se dirigió a él.
Cuando estaba ya a punto de caer en un sueño profundo,
una ola de satisfacción invadió su mente. Acababa de
reconocer el símbolo que había sobre las puertas: la
amapola adormidera. Pero su cerebro estaba demasiado
cansado para comprender su significado.
No había artificio ni maldad en el trabajo de la ciudad. De
manera impersonal cumplía las funciones para las que había sido
creada. Todos los que llegaban a Comarre habían recibido
voluntariamente sus dones. Este visitante había sido el primero
en ignorarlos.
Los integradores habían estado preparados y dispuestos
desde horas antes, pero su mente inquieta los había eludido.
Podían permitirse el lujo de esperar, como habían venido haciendo
durante los últimos quinientos años.
Y, por fin, las defensas de ese cerebro extrañamente firme
sucumbieron, cuando Peyton se dejó caer pacíficamente en los
brazos del sueño. Mucho más abajo, en el corazón de Comarre, un
relay entró en acción y corrientes lentamente fluctuantes
comenzaron a disminuir y circular por tubos de vacío y circuitos
electrónicos. La consciencia que había sido Richard Peyton III
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