Page 76 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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tentación de acercarse a ellas para estudiar de cerca,
decidió esperar hasta tener ante sus ojos los instrumentos
principales de control. Luego, bajó de la máquina
transportadora y esperó a que desapareciera en la
distancia, en dirección a un lugar de la ciudad aún más
recóndito y escondido.
Se preguntó cuánto tiempo tardaría el superautómata
en reparar a A‐Cinco. Su sabotaje había sido a fondo y creía
que el pequeño robot no sería reparado, sino que acabaría
en el depósito de la chatarra. Después, sintiéndose como un
hombre a punto de morir de hambre que de repente tiene
ante sí la mesa puesta y servida para el mejor de los
banquetes, comenzó a examinar las maravillas de la
ciudad.
En el transcurso de las siguientes cinco horas sólo se
detuvo unos instantes para enviar una llamada rutinaria a
sus amigos. Le hubiera gustado poderles comunicar su
éxito, pero el riesgo era demasiado grande. Después de un
prodigioso trabajo de localización, seguimiento e
identificación de circuitos, había descubierto el
funcionamiento de las principales unidades y comenzaba
ya el examen de algunos sistemas secundarios.
Todo funcionaba como había supuesto. Los
analizadores de pensamiento y los proyectores se hallaban
en el piso inmediatamente superior y podían ser
controlados desde esa instalación central. No tenía la
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