Page 79 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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control. La mayoría estaban desconectados pero había
como unos cincuenta que funcionaban. Y cada uno de ellos
llevaba todos los pensamientos, deseos y emociones de una
mente humana.
Ahora, ya plenamente consciente, Peyton comprendió
cómo había sido engañado, pero el saberlo no le produjo
demasiado consuelo. Podía ver los fallos de esos mundos
sintéticos, podía observar cómo todas las facultades críticas
de la mente eran borradas mientras ella recibía una
corriente sin fin de vivencias simples pero reales y llenas
de vida.
Sí, ahora todo le parecía muy sencillo. Pero eso no
cambiaba el hecho de que ese mundo artificial era
auténticamente real para el que estaba sometido al manejo
de las máquinas. Tan real que el dolor de dejar ese mundo
ensoñado aún seguía quemando su propio cerebro.
Durante casi una hora, Peyton exploró los mundos de
las cincuenta mentes durmientes. Fue una investigación
fascinante aunque al mismo tiempo repulsiva. En esa hora
aprendió tanto sobre el cerebro humano y sus secretos
caminos como jamás llegó a imaginar. Cuando terminó se
quedó sentado, rígido, durante un largo rato, analizando
sus conocimientos recién adquiridos. Su sabiduría había
avanzado varios años, muchos años, y le pareció que de
repente su juventud quedaba muy atrás.
Por primera vez tuvo un conocimiento directo e
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