Page 78 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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pensamientos, había ideas e imágenes que,
indudablemente, le eran extrañas por completo. Estaba
contemplando otro mundo por la ventana de una mente
que no era la suya.
Era como si creyera que su cuerpo estaba al mismo
tiempo en dos lugares distintos, aun cuando las
sensaciones de la segunda personalidad eran mucho
menos vívidas que las del auténtico Richard Peyton III. En
esos momentos comprendió el significado de la línea roja
de peligro. Si la intensidad del control de pensamientos se
elevaba demasiado, no le cabía duda de que el resultado
sería la locura.
Peyton desconectó el aparato para poder reflexionar
sin que sus pensamientos se vieran interrumpidos.
Comprendió lo que le había querido decir el robot cuando
le comunicó que los demás habitantes de la ciudad estaban
dormidos. Había otros seres humanos en Comarre que
vivían sometidos al control de los proyectores de
pensamientos.
Mentalmente regresó al largo corredor con sus cientos
de puertas metálicas. En su camino hacia los pisos bajos de
la ciudad había pasado por muchas galerías semejantes y
estaba convencido que la mayor parte de la ciudad no era
más que una colmena de habitaciones en las que millares
de hombres podían pasarse la vida soñando.
Uno tras otro comprobó los circuitos del panel de
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