Page 80 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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irrefutable del hecho de que algunos de sus malos deseos,
de sus perversiones, que algunas veces habían pasado
superficialmente por su mente, eran compartidos por todos
los seres humanos. Los constructores de Comarre no se
habían preocupado del bien ni del mal y las máquinas
habían sido sus más fieles servidores.
Se sentía satisfecho de ver que sus sospechas no habían
sido infundadas. Peyton comprendía ahora la estrechez de
su posibilidad de escape. Si volvía a quedarse dormido
entre aquellas paredes lo más probable era que jamás
volviera a despertar. La casualidad y la suerte le habían
salvado una vez, pero era difícil que ello pudiera repetirse.
El proyector de pensamientos tenía que ser estropeado
de manera tan completa que los robots jamás pudieran
volver a repararlo. Aunque estaba convencido de que los
robots eran capaces de reparar las averías normales que
pudieran producirse, también sabía que no podrían
vérselas con el sabotaje deliberado en la medida en que él
era capaz de llevarlo a cabo. Cuando hubiera terminado,
Comarre dejaría de ser una amenaza. Jamás volvería a
atrapar su mente ni las mentes de los futuros visitantes que
pudieran seguir sus huellas.
Lo primero que tenía que hacer era localizar a las
personas durmientes y despertarlas, o revivirlas. Eso podía
ser una tarea larga, pero, afortunadamente, había un
equipo de monovisores estandarizados. Con su ayuda
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