Page 58 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
P. 58
Máquina del Tiempo, arrojada como yo en aquel
desierto oscuro. Palpé con manos y dedos los carriles
y travesaños de la máquina. Estaba volcada, y en la
oscuridad no tenía forma de saber si había sufrido
algún daño.
Necesitaba una luz. Busqué las cerillas en el bolsillo
y no las encontré: ¡como un idiota las había colocado
todas en la mochila! El pánico se apoderó de mí; pero
pude controlarme, y temblando me acerqué a la
Máquina del Tiempo. La comprobé con el tacto,
buscando entre los carriles doblados hasta que
encontré la mochila, todavía segura bajo el asiento.
Con impaciencia, la abrí y busqué en su interior.
Encontré dos cajas de cerillas y me las puse en los
bolsillos; luego saqué una cerilla y la encendí .
... Había un rostro, justo frente a mí, ni a dos pies,
brillando en el círculo de luz de la cerilla: vi una piel
blanca y sin relieves, el pelo le colgaba del cráneo, y
tenía unos ojos grandes de color rojo grisáceo.
La criatura emitió un grito extraño y gutural, y se
esfumó en la oscuridad más allá del brillo de la luz.
¡Era un Morlock!
La cerilla me quemó los dedos y la solté; busqué otra
y con el pánico casi tiro mi preciada caja.
58

