Page 59 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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                                          LA NOCHE NEGRA





           El fuerte olor a azufre de las cerillas se me metió en la


           nariz, y retrocedí sobre la arena hasta que toqué con


           la  espalda  las  barras  de  cobre  de  la  Máquina  del



           Tiempo. Después de unos minutos de desesperación


           recuperé el sentido común suficiente para sacar una


           vela de la mochila. Sostuve la vela frente a la cara y


           fije  la  vista  en  la  llama  amarilla,  ignorando  la  cera


           caliente que me corría por los dedos.


           Comencé a distinguir alguna estructura en el mundo


           que me rodeaba. Pude ver la masa de cobre y cuarzo



           que era la Máquina del Tiempo brillando bajo la luz


           de la vela, y una forma —como una gran estatua o


           edificio— que se alzaba, pálida a inmensa, no lejos de


           donde  me  encontraba.  La  falta  de  luz  no  era


           completa. El Sol podía haber desaparecido, pero las


           estrellas  seguían  brillando  en  grupos  sobre  mí,


           aunque  las  constelaciones  de  mi  niñez  se  habían


           desplazado. No puede encontrar ni rastro de nuestra


           Luna.



           Sin  embargo,  en  una  zona  del  cielo  no  brillaba


           ninguna estrella: en el oeste, sobresaliendo sobre el


           horizonte  negro,  había  una  elipse  aplastada,  sin






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