Page 84 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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zona iluminada, pero mis temores y mis deseos de


           luz me obligaban a permanecer allí.


           Finalmente elegí una dirección al azar y caminé en la


           oscuridad con los brazos a los lados preparados para


           atacar.  Conté  los  pasos:  ocho,  nueve,  diez...  Bajo  mis


           pies podía ver las estrellas, ahora más visibles al estar


           fuera del cono de luz, formando un hemisferio lleno



           de ellas; me sentí nuevamente como si estuviese en el


           techo de un planetario. Me volví y miré hacia atrás;


           allí estaba el pilar de luz polvorienta que se elevaba


           al infinito, y los platos y la comida en su base sobre el


           suelo desnudo.


           ¡Me resultaba todo incomprensible!


           A medida que caminaba dejé finalmente de contar los



           pasos. Las únicas luces eran el brillo de la aguja de


           luz y el frágil resplandor de las estrellas debajo de mí,


           por lo que apenas podía verme las piernas; los únicos


           sonidos  eran  mi  respiración  y  el  sordo  impacto  de


           mis botas sobre la superficie cristalina.


           Después  de  unas  cien  yardas,  giré  y  comencé  a


           caminar alrededor de la aguja de luz. Sólo encontré


           oscuridad y las estrellas a mis pies. Me pregunté si en


           aquella oscuridad encontraría al Observador flotante



           que me había acompañado en mi segundo viaje por


           el tiempo.


           La  desesperación  comenzó  a  apoderarse  de  mí,  y


           deseé  verme  transportado  al  mundo  jardín  de


                                                                                                               84
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