Page 28 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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tembló como si estuviese viva. Sonreí. ¡La
máquina me recordaba que ya no pertenecía a este
mundo, a este Espacio y Tiempo! Única entre
todos los objetos del universo, exceptuando
aquellos que había llevado conmigo, esa máquina
era ocho días más vieja que su mundo: había
pasado una semana en la era de los Morlocks, pero
había vuelto el mismo día de la partida.
Dejé la mochila y la cámara en el suelo del
laboratorio, y colgué el sombrero en la puerta.
Como recordaba que los Morlocks habían
jugueteado con la máquina, me dediqué a
repasarla. No me preocupé en limpiar las manchas
marrones y los trozos de hierba y moho que
todavía se adherían a los carriles de la máquina;
nunca me ha preocupado el aspecto exterior. Pero
uno de los carriles estaba doblado; lo enderecé,
comprobé los tornillos y engrasé las barras de
cuarzo.
Mientras trabajaba, recordé el pánico vergonzoso
que experimenté al descubrir que había perdido la
máquina a manos de los Morlocks, y sentí un
súbito afecto por la cosa. La máquina era una caja
abierta de níquel, cobre y cuarzo, ébano y marfil,
bastante elaborada (quizá como los mecanismos
internos de un reloj de iglesia) y con un asiento de
bicicleta incongruentemente colocado en medio.
Cuarzo y cristal de roca, bañados en plattnerita,
brillaban en la estructura, dando al conjunto un
cierto aspecto irreal y raro.
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