Page 26 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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por qué ha venido y es muy amable por su parte.
Aquí tiene algunas revistas. Si espera al almuerzo,
le daré pruebas del viaje en el tiempo, con
especimenes y todo. Pero ahora debo dejarle.
Asintió. Le saludé y, sin más preámbulos, recorrí
el pasillo hasta mi laboratorio.
Así me despedí del mundo de 1891. Nunca he sido
hombre de profundas ataduras, y no me gustan las
despedidas exageradas; pero si hubiese sabido que
nunca volvería a ver al Escritor (al menos, no en
carne y hueso) creo que hubiese sido más
ceremonioso.
Entré en el laboratorio. Tenía el aspecto de un
taller. Había un torno de vapor colgado del techo,
con él se accionaban varias maquinas por medio
de cinturones de cuero; y fijados a bancos por el
suelo había tornos más pequeños, una trituradora,
prensas, equipos de soldadura de acetileno,
tornillos y demás. Piezas de metal y pianos
dormían en los bancos, y los frutos abandonados
de mi trabajo yacían en el polvo del suelo, ya que
por naturaleza no soy un hombre ordenado; por
ejemplo, en el suelo encontré la barra de níquel
que me había retrasado en mi primer viaje al
futuro: una barra que había resultado ser una
pulgada demasiado corta y que tuve que rehacer.
Reflexioné que había pasado casi dos décadas de
mi vida en esa habitación. El lugar era un
invernadero rehabilitado que daba al jardín. Había
sido construido sobre una estructura de hierro
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