Page 59 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Me aproximé al monumento. Cuando lo hacía, por
el rabillo del ojo me pareció ver un par de ojos de
color rojo grisáceo que se abrían y una espalda
blanca que huía por la arena con un ruido de pies
descalzos. Coloqué la mano sobre el trozo de cobre
que colgaba de mi cinturón y seguí.
La estatua se erigía sobre un pedestal que parecía
ser de bronce y decorado con paneles finamente
grabados. El pedestal estaba manchado, como si
tiempo atrás hubiese sufrido un ataque de verdín
que se había secado hacía mucho. La estatua en sí
era de mármol blanco, y de un cuerpo leonino se
extendían grandes alas que parecían flotar sobre
mí. Me pregunté cómo podían sostenerse esas
grandes hojas de piedra, ya que no pude ver
ningún puntal. Quizá tuviese una estructura
metálica, pensé, o quizás algo de aquel control de
la gravedad, que había supuesto en mi paso por la
Era de las Grandes Edificaciones, había perdurado
hasta esa época. La cara de la bestia de mármol era
humana y estaba vuelta hacia mí; sentí que
aquellos dos ojos de piedra me miraban,
acompañados de una sonrisa sardónica y cruel en
los labios golpeados por la intemperie...
Y con una sacudida reconocí la construcción; ¡si no
hubiese sido por mi temor a los Morlocks hubiese
saltado de alegría! Era el monumento que había
denominado La Esfinge Blanca; una estructura con
la que me había familiarizado en ese mismo sitio
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