Page 145 - El Señor De La Luz - Roger Zelazny
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enemigos con una cuerda color azafrán, o con una hoja, o
una pica, o con mis manos, porque soy hábil con todas las
armas, tras pasar tres vidas aprendiendo su uso, pero sé
que no es éste tu camino. La muerte y la vida son una sola
cosa para ti, y no buscas la destrucción de tus enemigos.
Así que solicito entrar en tu orden. Para mí no resulta una
cosa tan difícil como pueda serlo para otro. Uno debe re‐
nunciar a hogar y familia, origen y propiedad. Yo carezco
de esas cosas. Uno debe renunciar a su propia voluntad,
cosa que yo ya he hecho. Todo lo que necesito ahora es la
túnica amarilla.
–Es tuya –dijo Tathagatha–, con mi bendición.
Rild vistió la ropa de un monje budista y se consagró al
ayuno y a la meditación. Al cabo de una semana, cuando el
festival estaba cerca de su cierre, partió a la ciudad con su
cuenco de mendigo, en compañía de los demás monjes. Sin
embargo, no regresó con ellos. El día llegó a su final, el cre‐
púsculo se convirtió en oscuridad. Los cuernos del Templo
habían sonado ya las últimas notas del nagaswaram, y mu‐
chos de los viajeros hablan partido ya del festival.
Durante largo rato, el Iluminado caminó por el bosque,
meditando. Luego el también desapareció.
Alejándose del bosquecillo con las marismas a su es‐
palda, hacia la ciudad de Alundil, sobre la que gravitaban
las colinas rocosas y en torno a la cual se extendían los cam‐
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