Page 539 - Hijos del dios binario - David B Gil
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inoportuno. De cualquier modo, la experiencia le
había enseñado que era mejor buscar las respuestas
a posteriori, así que se limitó a apartarse de la
puerta, levantar el arma a la altura del pecho y
deslizar el dedo en el gatillo. Pero el estruendo que
sobrevino a continuación no sonó a pólvora
percutida, sino a madera quebrada y goznes
vencidos.
Desde el otro lado del salón, Arturo Girard
acertó a vislumbrar cómo la puerta de su
apartamento saltaba del marco reventado y
arrojaba a su torturador contra el suelo. En el
umbral, como un ángel vengador descendido de
una novela de Raymond Chandler, una mujer
ataviada con abrigo negro encañonaba al abatido
agente Knocht. Este levantó su arma y ambos
dispararon al unísono.
La estancia se iluminó con el fulgor de los
disparos y Girard deseó con todas sus fuerzas
escuchar el grito de aquel hombre. Sin embargo, la
reacción titubeante de la recién llegada le hizo
comprender que, de algún modo, el enviado de
Fenris había sobrevivido al disparo a quemarropa.
La mujer, quizás herida, retrocedió en un intento
de ganar distancia para volver a descargar su arma.
El agente Knocht fue más rápido y se abalanzó
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