Page 757 - LIBRO DE ACTAS-II-JORINVEDUC-2016
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Consideramos a la potencia no como una fuerza que se mide cuantitativamente -este alumno
               puede más, aquel menos-, sino como un poder en relación a una dimensión de lo no hecho, de lo que
               ignoramos. La pensamos como la capacidad de una relación con el mundo en tanto espacio plausible
               de creación, de trazar relaciones bajo la condición de un encuentro.
                      Por lo tanto, si potencia es creación de posibles, implica la creación de modos de vida, de
               existencia que se producen en los encuentros. Sostenemos que es en el punto donde no sabemos lo
               que  podemos,  que  algo  está  por  crearse,  donde  se  hace  la  experiencia  de  poder  algo,  y  que  la
               articulación que importa es con las relaciones por venir.
                      La tesis no es un intento de consolidar saberes, va contando un proceso vivo por el cual en la
               medida en que nos desprendemos de saberes ya hechos, vamos investigando. Y así como sostenemos
               que no se sabe lo que un cuerpo puede, tampoco sabemos lo que la teoría puede, porque todavía no
               sabemos lo que podemos pensar.
                      Es una posición contra la solemnidad del conocimiento. Si tengo que actuar, no tengo un
               manual, la catástrofe no es una suerte de fracaso, la concebimos como un pasaje ético, que nos deja
               en una relación con el saber diferente, ya no queremos saber todo lo que se hizo, queremos buscar
               por todos lados qué nos sirve para trabajar en esa situación.
                      Sostenemos que es bueno para uno lo que aumenta la potencia y es malo lo que la disminuye.
               Por eso la política de encuentros, de afectaciones es fundamental y poder comprender qué relaciones
               son catalizadores de la potencia de un sujeto y cuáles no.
                      Una afirmación muy importante es que la profesión se impotentiza si no se ponen en el centro
               todos aquellos signos de lo vital que nos obligan a producir nuevos modos de tratar, de estar; porque
               no hay nada dado, sino realidad a construir. No podemos dormirnos en lo que ya sabemos, implicaría
               devaluar vidas que están obligándonos a reabrir, a volver a considerar cosas, a producir nuevas
               instituciones  y  dispositivos,  porque  no  hay  un  problema  abstracto  de  conocimiento,  no  hay  un
               problema abstracto de nuestra calidad técnica: hay un problema claramente ético. En el sentido de
               que se esté comprometido en convertir lo impotente en potente y estar implicados en ello.
                      No se sabe cuál es la potencia del otro, pero el trabajo es justamente comprometerse al gesto
               que en el otro habilite una potencia.


               Pensar es ante todo constituir problemas.
                      Lo propio del sujeto no es buscar verdades ya hechas que tenemos que encontrar, sino que se
               trata de crearlas. No somos buscadores sino creadores que deben proponer otra relación entre las
               cosas, a la manera del arte, de la interpretación musical.
                      No  existe  la  correspondencia  con  el  objeto,  es  una  ilusión.  Pensamos  cuando  ya  no
               controlamos lo que pensamos. Se escribe y se piensa siempre en el límite de lo que no se sabe.
               Pensar es asumir la catástrofe de nuestra lógica, la que veníamos sosteniendo, y poder dar lugar a
               otro advenir.
                      El trabajo en situación es la clave del rehacerse continuo, es un problema que se constituye,
               que afecta nuestra dimensión sensible produciéndonos una fractura en lo continuo y nos obliga a una
               mutación. Esto nos hace capaces de ligarnos con lo heterogéneo, con aquello que no habla nuestra
               lengua, que no fue adecuado a nosotros. Ninguna relación entre los términos puede ser dada como
               “natural”. Hay infinidad de relaciones posibles, son siempre a construir.
                      No  se  trata  nunca  de  cierres,  sino  de  apertura  a  las  posibilidades  infinitas  de
               desterritorialización. Esto nos hace plantear la integración de los jóvenes con los que trabajamos
               como  una  manera  de  desterritorializar  todo  el  saber  establecido  sobre  las  deficiencias  que  les
               asignaban rasgos de valor, que respondían a escalas estandarizadas.


               Bibliografía.
               Benasayag, Miguel y Diego, Sztulwark (2000) Política y Situación, de la Potencia al Contrapoder. Buenos Aires.

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