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problemas  deben  resolverse  te cnicamente,  excluyendo  aspectos  polí ticos  e  ideolo gicos  evade  el
            problema de los fines del trabajo docente y se enfatiza la discusio n solo sobre los “medios” 506 . Entender
            a  los  docentes  como  trabajadores  intelectuales  (Giroux)  permite  reconocer  a  los  educadores  como
            sujetos  crí ticamente  reflexivos,  que  pueden  pensar  su  pra ctica,  la  formacio n  recibida,  las  diversas
            concepciones incorporadas sobre el mundo, la sociedad, la educacio n, que los constituyen y habilitar así
            el espacio para construir lo necesario, lo nuevo. Desde esta perspectiva se reivindica que los docentes
            tengan  una  participacio n  real  en  la  produccio n  y  evaluacio n  de  las  currí cula,  de  las  formas  de
            organizacio n  escolar,  del  efecto  de  las  polí ticas  en  sus  pra cticas  cotidianas,  entre  otros  aspectos
            posibles.Entendemos que  la discusio n sobre polí ticas curriculares de formacio n de profesores requiere
            partir tanto de un diagno stico sobre lo que esta  sucediendo en el campo de las pra cticas docentes  como
            de las concepciones de educador, de sociedad y de escuela que se sostienen como modelo deseable a
            construir. Reconocemos que la definicio n curricular, en sus diferentes expresiones, es una pra ctica en la
            que esta  implicado el poder y en este sentido planteamos como necesario que esta formacio n permita
            problematizar el sentido polí tico de la pra ctica educativa en general y la de los educadores de adultos en
            particular.

                   Esto implica generar espacios para que el estudiante--profesor se pregunte ¿Cuál es la función de
            la  escuela  en  la  sociedad?  ¿A  quién  le  sirve  el  conocimiento  que  se  difunde?    ¿Qué  efectos-de
            reproducción o transformación - produce sobre la realidad la adopción de ciertas prácticas pedagógicas?
                   A partir de aquí proponemos cuáles pueden ser algunas de las problemáticas a considerar en una
            propuesta curricular que permita pensar críticamente lo existente (modelos de docentes, de escuela, de
            sociedad) y para esto generar espacios curriculares que posibiliten reflexionar críticamente sobre las
            representaciones y prácticas sociales dominantes en nuestra sociedad.
                   La función dada a la escuela media de adultos como preparatoria para el mundo laboral,  como
            lugar de puesta en circulación de conocimiento o  bien de la contención afectiva, la valoración diferencial
            de los alumnos adultos y de los adolescentes, entre otros posibles de nombrar, requiere precisar teórica
            y  políticamente  desde  qué  paradigma  téorico-preteórico    se  está  analizando  al  realidad  :  cuál  es  la
            función de la escuela en la sociedad, de qué hablamos cuando hablamos de trabajo, para qué economía,
            para qué mundo.
                   En  investigaciones  anteriores  observamos  que  esta  relación  entre  la  escuela  y  la  “demanda
            laboral” manifestada por un sector de los profesores se suele naturalizar, y las problemáticas que se
            tornan  urgentes  en  la  cotidianeidad  escolar  se  centran  en  cómo  la  escuela  en  general  o  desde  las
            asignaturas en particular, se pueden dar herramientas, más o menos pragmáticas, para facilitar el empleo
            asalariado o para generar micro emprendimientos. Parte de estos postulados, dominantes en el discurso
            pedagógico que fueron y son difundidos en el mundo de la educación, nutren nuestro sentido común y
            suelen reducir las discusiones sobre la compleja relación entre educación y economía al “atraso” de la
            escuela,  a  sus  programas  desactualizados,  a  la  escasa,  fragmentaria,  limitada,  formación  de  los
            estudiantes,  en  relación  a  lo  que  demanda  el  mundo  informatizado  y  altamente  tecnologizado.
            Sostenemos  que  es  indispensable  que  la  formación  de  profesores  tome  como  objeto  de  estudio  la
            problemática relación entre escuela y mercado, y para esto facilitar el acceso a distintas perspectivas que
            complejizan esta relación y la ubican históricamente. Esto implicaría no aceptar con naturalidad las
            posiciones que le exigen a  la escuela que  se ajuste mecánicamente a los requerimientos del mundo
            laboral ya que esto implicaría que la política educativa debe ser responder, casi como un reflejo, a las


            506 Esto puede ser interpretado como la continuidad del discurso positivista, presente en las ciencias sociales, que   831
            busca  despojarse  de  los  juicios  de  valor  en  pos  del  conocimiento  objetivo  e  instrumental.  “Implí cito  en  esta
            racionalidad te cnica y su consecuente racionalizacio n de la razo n y la naturaleza, habí a un llamado a la divisio n
            entre  concepcio n  y  ejecucio n,  una  uniformacio n  del  conocimiento  para  administrarlo  y  controlarlo  y  una
            devaluacio n del trabajo intelectual crí tico por la primací a de las condiciones pra cticas” (Giroux, H. 1995:165).
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