Page 462 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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grandes  espacios  despejados  que  había  entre  los

              edificios.  Un  desfile  interminable  de  máquinas

              relucientes caía del cielo con un rugido o emergía de


              los  bulevares.  Los  aparatos  se  detenían  unos

              momentos y se alejaban a toda velocidad repletos de

              personas.



                     Horza  no  podía  ver  nada.  Se  fijó  en  un  guardia

              gigantesco,  un  coloso  de  tres  metros  con  un  traje

              espacial muy pesado que blandía una pistola enorme y


              miraba a su alrededor con ojos inexpresivos. Tenía la

              piel muy pálida y unos mechones pelirrojos asomaban


              por debajo de su casco.


                     —¿Estás libre? —preguntó Horza moviéndose en

              una  especie  de  brazada  para  atravesar  un  grupo  de

              gente  que  estaba  observando  a  unos  insectos


              luchadores y llegar hasta el gigante.


                     Aquel  ancho  rostro  de  rasgos  toscos  asintió

              solemnemente  y  el  guardia  se  puso  en  posición  de


              firmes.


                     —Lo estoy —gruñó.


                     Tenía un vozarrón acorde con su estatura.


                     —Aquí tienes un centésimo —se apresuró a decir

              Horza,  metiendo  una  moneda  en  el  guante  del


              hombretón,  donde  pareció  desvanecerse—.  Deja  que

              me suba a tus hombros. Estoy buscando a alguien.




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