Page 408 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
P. 408
Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
—ʹlla dʹce que los ʹngordʹmos.
—Sʹran bʹna cʹmida.
Marta le ayudó a incorporarse. Tenía una gran herida
en la cara que bajaba desde una sien hasta la comisura
de la boca. Mientras se sentaba junto a una de las
paredes, apoyando en ella la escalofriada espalda,
Sergio se dio cuenta de que sus hombros y sus pechos
estaban cubiertos de moraduras verdinegras.
—¿Cuánto... tiempo... llevo aquí? —consiguió
articular. Le pareció que la voz le surgía a través de un
océano de dolores; y se llevó la mano a la martirizada
garganta. La notaba hinchada y el simple hecho de
tragar saliva era un martirio.
—Un día entero —dijo Marta, en voz baja—. Creímos
que te morirías sin recuperar el conocimiento.
—¿Qué va a pasar ahora?
—A estos salvajes —dijo el Capitán Grotton, desde el
otro extremo de la celda— lo que más les gusta es asar
vivos a sus prisioneros... La otra vez escapé; esta, me
parece que se acabó... En fin chicos, nos divertimos
mientras duró, ¿no es cierto?
Nadie le contestó. Un poco más despejado, sintiendo
que del cuerpo de Marta, sentada a su lado, surgía una
leve corriente de benéfico calor, Sergio sacó los helados
pies del cenagoso barrizal que había entre las piedras
408

