Page 413 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
iluminarse, repentinamente, al volverse hacia él. —
Eres muy amable —dijo—. Me hacía falta algo así.
Unos gritos roncos se dejaron oír en el exterior.
Aparecieron dos mandriles gigantescos, arrastrando
entre ellos a Zacarías Gómez. La puerta de gruesos
bambúes se abrió, girando suavemente sobre sus
goznes de cuero crudo; de un empujón, los dos recién
llegados arrojaron al hombre al interior de la celda.
Uno de ellos lanzó una risa mezcla de chillido y de
amenaza, y señaló, gorgoteante, el cadáver del
pequeño mandril. Charloteando apresuradamente, lo
cogió por una pierna y se lo llevó arrastrando. Los
prisioneros volvieron a quedarse solos con su único
guardián.
—¿Qué te han hecho? —preguntó Sergio.
Zacarías Gómez se arrastró hasta el cuenco de agua y
bebió apresuradamente, a largos tragos. Luego,
arrastrándose igualmente, se sentó junto a María
Viborg, con la cabeza entre las piernas.
—¿Qué te han hecho?
—¡Déjame en paz! —aulló Zacarías, mirándole con
ojos de loco.
—Déjalo —susurró Marta, con su boca junto al oído
de Sergio—. Ya te lo puedes imaginar... sabiendo lo
que me hicieron a mí...
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