Page 409 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
y los colocó sobre dos de éstas. En un rincón, María
Viborg, casi tendida, se quejaba débilmente; en otro, el
abuelo Jones, con los vivos ojuelos destellantes, se
rascaba la rala cabeza, sin decir una palabra,
acurrucado al lado del Capitán Grotton. Este último,
con la arrugada barriga al descubierto, las gruesas
piernas llenas de varices cruzadas ante él, y los
párpados rodeados de profundas ojeras violáceas,
tenía los ojos cerrados y respiraba lentamente.
—¿Dónde está Zacarías Gómez?
—Se lo llevaron hace un rato —contestó Marta di
Jorse—. Si quieres comer, nos han dejado ahí... no sé el
qué.
Era un amasijo blancuzco, del que se desprendía un
penetrante olor a enmohecido. Sergio trató de vencer
la repugnancia que le causaba el hedor a excrementos
y a orina que reinaba en la celda, y el tufo animal que
los mandriles despedían. Quiso comer algo, pero no
pudo pasar ni un bocado. Aquello sabía de una forma
aún peor que su aspecto, si tal cosa era posible.
Pasaron horas. Los mandriles de guardia fueron
sustituidos por otros, que se entretuvieron durante los
primeros minutos en perseguir a los prisioneros con la
punta de las lanzas, riéndose y charloteando con saña
cuando los heridos cuerpos trataban de esquivar los
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