Page 411 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
serenidad. Algo semejante debió pasarle a ella, porque
al poco rato levantó el rostro, le dirigió una sonrisa que
quería ser alegre, y volvió a reclinarse sobre, la viscosa
pared.
Por algún motivo desconocido estalló una pelea entre
los dos mandriles que se hallaban de guardia.
Aullándose ferozmente el uno al otro, se enzarzaron a
golpes y lanzazos, y rodaron por el suelo, brutalmente
entrelazados. Los prisioneros no tuvieron tiempo de
ponerse en pie; con un aullido odiosamente humano,
el más grande, se sentó sobre el cuerpo del otro y le
clavó la lanza varias veces. Después, tranquilamente,
como si no hubiera pasado nada, extrajo un cuchillo de
pedernal y le cortó los testículos, que procedió a
devorar a continuación, con grandes gestos de placer.
—Que asquerosas bestias... —musitó María Viborg—
. ¡Oh, qué asquerosas bestias! ¡Son... son... lo más
repugnante que existe! Si pudiera matarlos a todos, si
pudiera matarlos a todos...
Durante bastante rato, con los ojos alucinados, la
boca amoratada de María Viborg continuó repitiendo
lo mismo, con la regularidad de un metrónomo.
—...si pudiera matarlos a todos... si pudiera matarlos
a todos...
Marta alzó el rostro.
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